Roger, el humanoide que lleva las manos de un especialista a una zona peligrosa

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Minerva presenta Roger, un humanoide semiautónomo controlado por un especialista con un visor de realidad virtual para tareas de riesgo.

Vista lateral del robot humanoide Roger sobre un fondo negro

Roger en una imagen oficial de Minerva Humanoids. Crédito: Minerva Humanoids. Fuente de la imagen.

Un especialista observa una zona de riesgo a través de un visor y actúa con el cuerpo de un robot. Esa es la idea de Roger, el humanoide semiautónomo presentado por Minerva el 6 de octubre para trabajos peligrosos en energía y seguridad pública. La propuesta busca trasladar la presencia física a una máquina mientras una persona conserva el criterio y el control de las acciones críticas.

Cómo se controla el humanoide Roger

Según Minerva, su sistema de inteligencia artificial se encarga de funciones como el equilibrio, la recuperación tras una caída y la navegación, mientras traduce las órdenes del operador en movimientos. El especialista utiliza un visor de realidad virtual para ver desde el punto de vista del robot y dirigir la manipulación. La empresa presenta este reparto de funciones como una forma de aplicar experiencia humana a distancia.

La diferencia importa al interpretar una demostración. Si el robot mueve las manos siguiendo las instrucciones de una persona, la destreza observada combina la capacidad de la máquina y la habilidad de quien la controla. Para evaluar el sistema conviene saber qué decisiones toma cada parte y cuánta ayuda necesita. Así se entiende mejor qué aporta la automatización y dónde sigue siendo esencial el especialista.

Para qué trabajos plantea Minerva utilizarlo

La compañía señala tareas de riesgo en instalaciones energéticas y en seguridad pública, incluidos trabajos con objetos sospechosos o materiales peligrosos. Su planteamiento es permitir que profesionales formados actúen sin tener que situar su cuerpo junto al peligro. El formato humanoide busca aportar movilidad y manipulación en espacios donde puede ser necesario realizar acciones complejas.

En una intervención de este tipo, llegar al lugar es solo una parte del problema. También puede hacer falta distinguir un objeto, utilizar una herramienta o ajustar una acción delicada. Son ejemplos que explican el interés por contar con brazos y manos controlados a distancia; cada aplicación concreta deberá comprobarse con ensayos y procedimientos adecuados al trabajo que se pretende realizar.

Una ronda de financiación y los primeros pilotos

Minerva ha anunciado aproximadamente diez millones de dólares de financiación y el lanzamiento de pilotos de pago durante el otoño. Sus primeros prototipos se fabrican y ensamblan en Alemania, mientras que el software y la inteligencia artificial se desarrollan principalmente en Estados Unidos. Los pilotos representan una oportunidad para contrastar la propuesta con las necesidades de posibles clientes.

Su valor estará en lo que permitan aprender del funcionamiento real: tiempo de preparación, facilidad de control, precisión y respuesta ante dificultades. Una prueba útil debe registrar también las ocasiones en las que el robot necesita asistencia o no completa la tarea. Esa información ayuda a determinar qué trabajos puede asumir de forma consistente y cuáles requieren cambios en el equipo o en el procedimiento.

Qué tendrá que demostrar antes de ampliar su uso

La comunicación entre operador y robot es una pieza fundamental. También importan la percepción de la escena, la estabilidad y la posibilidad de detener la operación de manera segura. Para utilizar un sistema en un entorno peligroso, el equipo responsable necesita conocer sus límites y disponer de una respuesta prevista ante un fallo.

Roger plantea una aplicación concreta para los humanoides: llevar las capacidades de un especialista a un lugar del que se quiere alejar su cuerpo. El interés de esa idea crecerá si las pruebas permiten demostrar que puede realizar tareas útiles con fiabilidad y reducir la exposición de las personas que hoy las afrontan.